

El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria dio a conocer OLI INTA, la primera variedad de papa mejorada mediante edición génica que se inscribe oficialmente en la Argentina, un desarrollo que la industria del procesado viene esperando desde hace años.
La variedad quedó incorporada al Registro Nacional de Cultivares y al Registro Nacional de Propiedad de Cultivares del Instituto Nacional de Semillas (INASE), tras su publicación en el Boletín Oficial. El trabajo estuvo a cargo del Laboratorio de Agrobiotecnología del INTA Balcarce, con la participación del CONICET y financiamiento de los programas Procisur y FONTAGRO.
Adiós a las papas negras: el truco genético, apagar un solo gen
La ciencia detrás de OLI INTA es, en el fondo, bastante simple de explicar aunque compleja de ejecutar. Los investigadores del INTA Balcarce identificaron el gen responsable del pardeamiento enzimático de la papa, el que codifica la enzima polifenol oxidasa, y lo desactivaron mediante herramientas de edición génica. Sin esa enzima activa, el tubérculo deja de generar los pigmentos oscuros que aparecen frente a un golpe.
La investigadora Gabriela Massa, quien lideró el desarrollo, lo resumió así: “Simplemente estamos apagando, inactivando una región del genoma propio de la papa”. Esa frase encierra la diferencia central con un organismo transgénico, ya que acá no hay incorporación de material genético de otra especie, solo la desactivación de algo que la propia planta ya tenía. Es una distinción técnica que también tiene consecuencias regulatorias directas, porque este tipo de variedades queda por fuera de las restricciones que rigen para los transgénicos en buena parte del mundo.
Menos descarte de alimentos, más plata para el productor y menos impacto ambiental
El beneficio económico es directo y se siente en varios eslabones de la cadena. Una partida de papa que llega a la industria con demasiados moretones se descarta, lo que representa una pérdida tanto para el productor como para la planta procesadora. Con menos manchas, en cambio, se abre la puerta a bonificaciones sobre el precio, mientras que las producciones con muchas marcas de golpes vienen sufriendo descuentos. OLI INTA ataca ese problema en la raíz, y al reducir el volumen de tubérculos que se tiran también reduce el desperdicio de toda la cadena, algo que empieza a pesar cada vez más en mercados de exportación exigentes en materia ambiental y de trazabilidad.
Es, en definitiva, un desarrollo que combinan ciencia básica con un problema muy concreto y cotidiano de la producción, y que explica por qué el sistema científico público sigue siendo un actor central para el agro, incluso en un contexto de fuerte ajuste presupuestario sobre los organismos de ciencia y técnica.
Argentina llega con ventaja, mientras Europa cambia de posición
Hace pocas semanas el Parlamento Europeo avanzó en un nuevo marco regulatorio para las Nuevas Técnicas Genómicas que, a diferencia de lo que ocurría hasta hace poco, las excluye de la categoría de organismos transgénicos. Es un giro que Europa viene discutiendo desde hace años y que recién ahora empieza a destrabarse.
En ese contexto, la Argentina llega con una ventaja poco frecuente para el país, ya que cuenta desde 2015 con una normativa propia para este tipo de tecnologías, mientras que buena parte del mundo todavía la está construyendo. La inscripción de OLI INTA es, además, la primera de una especie vegetal editada como nueva variedad en toda la región, un antecedente que posiciona al desarrollo científico argentino como referencia para otros países sudamericanos que todavía no tienen un marco regulatorio definido.
Una herramienta que acelera el mejoramiento genético
Más allá del caso puntual de la papa, la edición génica abre una puerta que el mejoramiento convencional no permitía, que es trabajar directamente sobre variedades que ya están en uso comercial, haciendo cambios puntuales y muy específicos en el ADN sin necesidad de rearmar el proceso de mejoramiento desde cero.
Eso acorta significativamente los tiempos de desarrollo, algo especialmente valioso en cultivos como la papa, donde los costos de producción y los márgenes de la industria vienen bajo presión constante y cada mejora productiva cuenta.
Dónde y cuánto se produce papa en la Argentina
La papa es una de las hortalizas más relevantes del país tanto por volumen como por peso económico. Argentina produce en promedio entre 2,1 y 3 millones de toneladas al año, en una superficie de alrededor de 70.000 a 80.000 hectáreas. El consumo per cápita de papa fresca ronda los 52 kilos anuales, uno de los más altos entre las hortalizas.
El mapa productivo está fuertemente concentrado. Buenos Aires explica más de la mitad de la superficie sembrada a nivel nacional, seguida por Córdoba y San Luis, Tucumán, Mendoza y, en menor medida, Jujuy, Salta y Santa Fe.
Dentro de la provincia de Buenos Aires, el sudeste bonaerense es el corazón indiscutido del cultivo: partidos como Balcarce, Tandil, Lobería y General Alvarado concentran más del 90% de la producción provincial y más del 40% de la superficie nacional, con picos de oferta entre febrero y junio, cuando esa zona llega a explicar hasta el 98% del abastecimiento del mercado interno. No es casual que ahí mismo, en Balcarce, funcione el laboratorio del INTA que desarrolló OLI INTA.
De ese total nacional, unas 11.000 hectáreas están dedicadas específicamente a abastecer a la industria de papa prefrita congelada, que produce cerca de 320.000 toneladas anuales, con más del 70% destinado a exportación.
La industria de la papa frita, con inversiones nuevas y foco exportador
El sudeste bonaerense no solo concentra la producción primaria, sino también se convirtió en la plataforma industrial y exportadora de papa más importante de la región. Ahí operan hoy los principales jugadores globales del segmento de papa prefrita congelada, con inversiones que se cuentan en cientos de millones de dólares.
McCain, que lidera el mercado argentino con dos tercios de participación, anunció en 2025 una nueva inversión de u$s100 millones para modernizar y ampliar su planta de Balcarce, la más grande de su tipo en toda Latinoamérica.
A esa apuesta se sumó, más recientemente, Lamb Weston, que en octubre de 2025 inauguró su planta en el Parque Industrial General Savio de Mar del Plata, con una inversión superior a los u$s300 millones, la más grande realizada en la provincia de Buenos Aires en cuatro décadas. Para consolidar esa operación, la compañía decidió a comienzos de 2026 cerrar su planta histórica de Munro y concentrar toda la fabricación en Mar del Plata.
En esa misma zona industrial también tiene presencia PepsiCo, lo que termina de configurar al sudeste bonaerense como el polo exportador de papa procesada más importante de Sudamérica.
Un desarrollo como OLI INTA no es un dato de laboratorio aislado, ya que apunta directamente al problema que más le importa a esta industria, que necesita materia prima con la menor cantidad posible de daño mecánico para sostener el ritmo de procesamiento y la competitividad exportadora frente a mercados cada vez más grandes.





