

Las redes sociales forman parte de la vida cotidiana de millones de personas y sus efectos sobre el bienestar emocional son objeto de distintos estudios científicos. Una investigación realizada por especialistas del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (CEDLAS) de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) analizó cómo determinadas experiencias digitales pueden modificar los niveles de ansiedad.
El trabajo fue realizado con más de 500 estudiantes universitarios y permitió identificar cambios en los indicadores de ansiedad luego de una exposición breve a situaciones hipotéticas vinculadas con las redes sociales. Entre los escenarios evaluados estuvieron publicar una fotografía y no recibir reacciones, recibir comentarios negativos, observar imágenes idealizadas, encontrarse con un contenido generado mediante inteligencia artificial sobre uno mismo y ser ignorado por amigos.
Los resultados mostraron que la exposición a estas situaciones produjo un aumento significativo de la ansiedad en comparación con quienes fueron expuestos a contenidos neutrales. De acuerdo con las investigadoras, el efecto se registró incluso cuando las experiencias fueron hipotéticas y tuvieron una duración limitada.
Qué situaciones de las redes sociales fueron analizadas
La investigación fue desarrollada por las especialistas María Laura Alzúa, Azul Menduiña y Milagros Onofri, integrantes del CEDLAS. El objetivo fue estudiar qué tipo de interacciones dentro de las plataformas digitales pueden generar efectos sobre el bienestar emocional, más allá de la cantidad de tiempo que cada persona permanece conectada.
Para realizar el experimento, las investigadoras dividieron a los participantes en dos grupos. Uno de ellos fue expuesto a cinco escenarios relacionados con experiencias frecuentes en las redes sociales. El segundo grupo, utilizado como control, recibió situaciones que no estaban vinculadas con interacciones sociales negativas.
Las experiencias presentadas al primer grupo fueron:
- Publicar contenido sin recibir ningún tipo de reacción
- Recibir comentarios negativos después de compartir una publicación, una situación que puede involucrar mecanismos de aprobación o rechazo dentro de las plataformas
- Observar contenido altamente idealizado, una dinámica habitual mediante la publicación de imágenes que muestran determinados aspectos de la vida personal, viajes, relaciones, apariencia física o situaciones cotidianas
- Encontrar un video generado mediante inteligencia artificial sobre ellos mismos
- Una situación de exclusión social en la que los amigos ignoraban a la persona
El grupo de control, en cambio, fue expuesto a contenidos neutrales, entre ellos un tutorial de cocina o un anuncio publicitario. De esta manera, las investigadoras pudieron comparar las respuestas de ambos grupos después de la intervención.
Cómo se midió la ansiedad de los estudiantes
Una vez finalizada la exposición a los distintos escenarios, los participantes respondieron una evaluación destinada a medir sus niveles de ansiedad. Para esto se utilizó el State-Trait Anxiety Inventory (STAI), una herramienta empleada internacionalmente para evaluar este indicador.
La comparación entre ambos grupos mostró diferencias en los niveles de ansiedad. Quienes habían sido expuestos a las situaciones negativas vinculadas con las redes sociales presentaron un incremento significativo respecto de quienes habían observado los contenidos neutrales.
Uno de los aspectos centrales de la investigación es que los cambios fueron registrados después de una intervención breve. Los participantes no tuvieron que atravesar durante un período prolongado las situaciones planteadas, sino que simplemente debieron imaginar escenarios vinculados con experiencias digitales.
El resultado permitió a las investigadoras analizar de manera experimental la relación entre determinados estímulos de las redes sociales y los indicadores de ansiedad. Según explicó María Laura Alzúa, subdirectora del CEDLAS y coautora del estudio, el trabajo buscó aportar evidencia para el debate sobre los efectos de la interacción en redes sociales entre los adolescentes y jóvenes.
En declaraciones a la Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes, Alzúa explicó que la investigación surgió a partir del interés por generar evidencia sobre la relación entre la exposición a situaciones agresivas en las redes sociales y los indicadores vinculados con la ansiedad.
La investigadora hizo referencia además al debate planteado por Jonathan Haidt en su libro La generación ansiosa, donde se analiza la relación entre el uso de redes sociales y el aumento de determinados síntomas de ansiedad y depresión entre adolescentes.
De acuerdo con Alzúa, parte de la evidencia previa se había basado en correlaciones. El experimento desarrollado por el equipo del CEDLAS buscó avanzar sobre esa relación mediante una intervención controlada que permitiera observar cambios en los indicadores de ansiedad después de una exposición determinada.
Los hombres mostraron un mayor impacto en el experimento
Otro de los resultados destacados del estudio estuvo relacionado con las diferencias observadas entre hombres y mujeres. Según las conclusiones de las investigadoras, el impacto de las situaciones analizadas fue mayor entre los hombres que participaron del experimento.
Este resultado se diferencia de parte de la evidencia científica disponible sobre redes sociales y bienestar emocional, que en distintos estudios registró mayores niveles de afectación entre mujeres.
Las autoras plantearon una posible explicación para esta diferencia, aunque remarcaron la necesidad de continuar investigando el fenómeno. Una de las hipótesis es que las mujeres podrían encontrarse más habituadas a determinadas experiencias de interacción digital.
En ese sentido, la exposición cotidiana a situaciones relacionadas con comentarios, comparación social, aprobación o rechazo podría influir en la forma en que distintos grupos responden frente a determinados estímulos.
La hipótesis no implica una conclusión definitiva sobre las causas de la diferencia entre hombres y mujeres. Para establecer los mecanismos que explican este resultado serían necesarios nuevos estudios que incorporen otras variables y permitan analizar cómo las experiencias digitales previas influyen sobre las respuestas emocionales.
Cuántas horas pasan los jóvenes en las redes sociales
La investigación también relevó el tiempo de utilización de las redes sociales entre los estudiantes que participaron del estudio. Los datos muestran un escenario de hiperconexión entre los jóvenes universitarios.
El 60% de los encuestados aseguró pasar más de cuatro horas diarias en redes sociales durante los días hábiles. Dentro de ese grupo, el 28% informó que supera las seis horas de utilización durante las jornadas de lunes a viernes.
El tiempo de conexión también aumenta durante los fines de semana. De esta manera, el uso de las plataformas digitales ocupa una parte considerable de la rutina diaria de los estudiantes incluidos en la investigación.
La cantidad de horas de exposición constituye uno de los aspectos habitualmente analizados cuando se estudia la relación entre redes sociales y salud mental. Sin embargo, el trabajo del CEDLAS buscó poner el foco en otro elemento: las características de las interacciones y de los contenidos a los que están expuestos los usuarios.
Esta diferencia resulta relevante para el diseño de futuras investigaciones: el tiempo de permanencia en una plataforma no necesariamente permite conocer qué tipo de experiencias atraviesa cada usuario durante ese período.
Una persona puede utilizar una red social durante varias horas para consumir contenidos informativos, comunicarse con otras personas o realizar actividades académicas, mientras que otra puede atravesar situaciones vinculadas con rechazo, comparación social o comentarios negativos.
Por ese motivo, el estudio plantea la necesidad de analizar no solamente cuánto tiempo pasan los jóvenes conectados, sino también qué ven, qué experiencias atraviesan y cómo interactúan en las redes sociales.
El desafío de estudiar las redes sociales y el bienestar emocional
Las conclusiones de la investigación apuntan a la necesidad de profundizar el análisis de los mecanismos mediante los cuales las plataformas digitales pueden afectar el bienestar emocional de los jóvenes.
Para las investigadoras, contar con mayor cantidad de evidencia permitiría comprender qué situaciones producen cambios en los indicadores de ansiedad, en qué grupos se presentan con mayor intensidad y bajo qué condiciones aparecen esos efectos.
El estudio también incorpora la discusión sobre las políticas públicas vinculadas con el uso de redes sociales por parte de menores de edad. En distintos países se implementaron restricciones o prohibiciones para limitar el acceso de niños y adolescentes a determinadas plataformas.
Alzúa planteó que las medidas de este tipo también abren un debate sobre la responsabilidad que corresponde a los usuarios, las familias y las empresas que administran las plataformas.
Desde su perspectiva, trasladar exclusivamente a los menores la responsabilidad de determinar qué contenidos pueden ver no resuelve el problema de la moderación de los contenidos que circulan en las redes sociales.
La investigadora sostuvo además que es necesario contar con evidencia científica sobre los efectos de las redes sociales para definir políticas concretas y determinar en qué momento de la experiencia digital pueden producirse determinados impactos.
En este contexto, el trabajo realizado por el CEDLAS aporta información experimental sobre la relación entre determinadas situaciones digitales y los niveles de ansiedad. Los resultados muestran que una exposición breve a escenarios hipotéticos relacionados con rechazo, comentarios negativos, comparación social, inteligencia artificial o exclusión puede modificar los indicadores registrados inmediatamente después.
La investigación plantea así una línea de estudio centrada en las características de las interacciones digitales. El objetivo de este enfoque es complementar las investigaciones que analizan exclusivamente la cantidad de horas de uso y avanzar en la identificación de los contenidos y experiencias que pueden estar relacionados con el bienestar emocional de los jóvenes.
Para las investigadoras, profundizar este tipo de estudios permitiría contar con más información para evaluar los efectos de las redes sociales y desarrollar políticas públicas basadas en evidencia, especialmente en relación con el uso de estas plataformas durante la adolescencia y la juventud.





