

La última encuesta REM, en la que participan los principales economistas de bancos y consultoras, confirmó lo que se sospechaba en el mercado desde hacÃa tiempo: la expectativa de crecimiento de la economÃa es cada vez menor, al punto de que se espera que este año termine con una mÃnima variación de 0,7%.
Es una cifra que queda por debajo del arrastre estadÃstico generado el año pasado. En otras palabras, esto implica que el crecimiento real generado durante el año será prácticamente nulo.
Lo que más llamó la atención tras el comunicado del Banco Central no fue tanto que la cifra sea revisada a la baja -van tres meses consecutivos de corrección- sino la magnitud del pesimismo. En agosto se esperaba que la variación del PBI fuera de 2,1%; en septiembre se rebajó la proyección a 1,5% y en octubre nuevamente cayó la previsión, a 0,7%.
El deterioro impresiona más si se tiene en cuenta que la previsión original de los economistas cuando empezó el año era un crecimiento de 3,3%, una cifra que ya de por sà era pesimista en comparación con la proyección oficial, que era de 4%.
El cambio en la visión de los analistas está ligado a los malos datos que llegan sobre la actividad productiva, en particular la industria y el comercio, que se mantienen estancados, en un marco de salarios reprimidos y crédito encarecido.
De hecho, ya se considera que la economÃa está técnicamente en recesión, con una contracción del PBI de 2,3% en el trimestre terminado a septiembre. En la encuesta anterior, la expectativa era de una caÃda de 0,9%. Y, si bien se espera que haya un rebote en el último trimestre del año, se espera que esa expansión, de 2%, no sea suficiente como para compensar el bajón previo.
También empeoró el pronóstico sobre el empleo para el último trimestre: se espera que la tasa de desocupación llegue al 7,8% de la población económicamente activa.
Lo peor es que en la encuesta los economistas empeoraron levemente su previsión de inflación, que estará en torno del 1,8% mensual.
Perspectivas pesimistas
El escepticismo se habÃa agravado tras la publicación del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) que mide mensualmente el Indec. Contrariando las expectativas de un rebote, ese dato marcó una caÃda interanual de 1,7%, un dato aun peor que el de julio, cuando la merma habÃa sido de 1,4%. Y, si la comparación se hace respecto del mes previo, y depurando las variaciones estacionales, hubo un mÃnimo rebote de apenas 0,1%.
Esto llevó a que los economistas dejaran de hablar de un “efecto serrucho”, en el que se alternaban meses de crecimiento con meses de estancamiento, y se empezara a temer un gráfico de lÃnea plana.
De hecho, los primeros indicadores de septiembre son muy poco alentadores. El Ãndice de producción industrial que mide la Fundación FIEL arroja una caÃda en el sector manufacturero de 2,9% en términos interanuales y de 0,9% en la comparación mensual desestacionalizada.
Otras mediciones sectoriales también hacen prever que los números en rojo serán la tónica de septiembre. Hay caÃdas en la producción de acero crudo -3%- en la molienda de soja -5,6%- y en la producción de gas -0,7%-. Por otra parte, una parada programada en el complejo de refinación de La Plata acotó también el nivel de actividad en ese sector.
Reclamo de estimulantes
Estos números negativos intensificaron el debate respecto de la necesidad de una inyección de estÃmulos para el sector productivo. Y esto incluyó a algunos “temas tabú”, como el nivel del tipo de cambio y una expansión monetaria que lubrique el crédito.
Por caso, Luciano Cohan, ex subsecretario de programación económica durante la gestión macrista, opinó que el BCRA debe acelerar la compra de reservas, sin temor a generar una suba del tipo de cambio. Más bien al contrario, sugirió que si el dólar pasara a la paridad de $1.800 no habrÃa gran traspaso a la inflación y que, por el contrario, se acotarÃa la volatilidad de las tasas de interés.
Incluso los economistas afines a la lÃnea oficial manifestaron su preocupación. Es el caso de Antonio Aracre, quien manifestó: “sin un impulso fuerte de inversiones parece difÃcil que el año termine con una actividad más vigorosa”. Desde su punto de vista, el gobierno debe incentivar una aceleración de los proyectos anunciados en el marco del RIGI, que muestran un bajo nivel de concreción en relación al volumen de inversiones comprometido.
Lo cierto es que el dato del EMAE contrastó fuertemente con la breve euforia que habÃa generado el nivel récord de las exportaciones que se informó hace un mes.
Los analistas crÃticos relativizan esa bonanza que permite un fuerte flujo entrante de dólares, porque la atribuyen a una situación pasajera de precios inusualmente altos para el petróleo y materias primas agrÃcolas.
De hecho, tras la derrota de Donald Trump en las elecciones estadounidenses de medio término, se empezaron a confirmar las previsiones sobre caÃdas en la cotización petrolera y de la soja, los dos principales productos de exportación argentina.
Esta situación podrÃa hacer que perdiera fuerza el crecimiento que se está viendo en los sectores “ganadores del modelo”, como la energÃa y la agroindustria.




