

El índice de inflación volvió a darle una buena noticia a Javier Milei -de hecho el Presidente lo festejó en las redes sociales- pero en el Gobierno existe la convicción de que el IPC de junio no es un punto de llegada sino, más bien, lo contrario: la base sobre la que se apoyará para enderezar un proceso de desinflación rumbo a las presidenciales 2027.
El 1,9% del mes pasado no solo perforó la barrera del 2% por primera vez en diez meses, sino que también le devolvió al Gobierno un activo político que considera decisivo de cara a los próximos 15 meses: la posibilidad de convencer a la sociedad de que Milei es el elegido para derrotar a la inflación definitivamente.
No se trata únicamente de que el índice haya quedado por debajo del 2,1% de mayo. El dato cobra relevancia porque consolida una tendencia que comenzó en marzo, cuando el IPC había trepado al 3,4%, y desde entonces inició un descenso sostenido hasta convertirse ahora en el registro más bajo desde agosto del año pasado.
La reacción oficial fue inmediata. Apenas se conoció el dato, Milei celebró en la red social X con un escueto pero elocuente “VAAAAAAAAMOOOOOO TOTO”, en respaldo al ministro de Economía, principal ejecutor de una estrategia que convirtió a la desinflación en el eje de toda la política económica.
El propio Caputo salió a festejar en las redes: “Inflación 1,9%, el Central compras récord de u$s532 millones y baile de España a Francia. ¿Podemos decir que hoy es un buen día?”, posteó, en alusión a la poderosa adquisición de dólares de la autoridad monetaria.
Un dato adicional: el número conocido ayer tiene además un componente especialmente sensible desde el punto de vista político: el rubro “Alimentos y bebidas no alcohólicas” aumentó apenas 1,3%, por debajo del IPC.
Se trata de un indicador que el Gobierno considera clave porque se trata del segmento con mayor impacto sobre el bolsillo cotidiano de las familias y, por lo tanto, sobre la percepción social de la marcha de la economía.
Cuál es la primera herramienta que tienen Milei y Caputo para controlar la inflación
Durante meses, el Presidente sostuvo que la inflación llegaría a agosto con un “cero adelante”. Ese objetivo todavía no ocurrió y difícilmente suceda en el corto plazo.
Sin embargo, el Gobierno cree que el dato de junio sostiene la idea de una nueva etapa: ya no se trata solamente de bajar una inflación que venía de niveles elevados, sino de consolidar un proceso que permita llevarla a valores cada vez más cercanos al 1% mensual.
En la Casa Rosada consideran que esa será la verdadera “revancha” de Milei frente a quienes, hace apenas unas semanas, sostenían que el proceso de desinflación había encontrado un piso difícil de perforar.
Para conseguir ese objetivo, la estrategia oficial tiene un protagonista excluyente: el tipo de cambio.
En el equipo económico existe la convicción de que la única manera de seguir bajando la inflación consiste en evitar un nuevo salto del dólar. Por eso, durante las últimas dos semanas, el Gobierno intensificó su presencia en el mercado cambiario mediante mecanismos indirectos.
Por un lado, incrementó las operaciones en el mercado de dólar futuro. Por otro, volvió a ofrecer bonos “dollar linked”, instrumentos emitidos en pesos pero ajustados por la evolución del tipo de cambio, que funcionan como una cobertura para quienes buscan protegerse de una eventual devaluación sin necesidad de comprar divisas.
El objetivo es claro: desalentar la demanda de dólares financieros y contribuir a mantener estabilizada la cotización, que el mercado percibe con un techo cercano a los $1.500.
La diferencia con junio resulta evidente. Ese mes el dólar avanzó alrededor de 5,2%, alimentando dudas sobre el impacto que podía tener en los precios. En julio, en cambio, la estabilidad cambiaria volvió a convertirse en el principal aliado del Gobierno.
Las fuertes intervenciones de las últimas jornadas, superiores a los u$s1.000 millones en futuros y “dollar linked” refuerzan la hipótesis de que Caputo & Compañía mantendrán al tipo de cambio como ancla inflacionaria.
El dólar con un techo de $1.500 es, a esta altura, súper convincente. La duda es por cuánto tiempo se podría sostener esta estrategia.
Cuál es el objetivo político de Milei y Caputo a largo plazo
Detrás de la estrategia económica aparece un objetivo político de largo plazo.
En el Gobierno entienden que el verdadero capital político de Milei se construirá si logra llegar a 2027 con una inflación prácticamente destruida.
La lógica oficial luce clara: si el dólar permanece estable y la inflación continúa descendiendo, los salarios, las jubilaciones y los ingresos familiares tendrán mayores posibilidades de recuperar poder adquisitivo.
Ese tránsito comenzaría a sentirse con mayor claridad en la economía cotidiana y fortalecería el principal argumento electoral del Presidente.
La apuesta, entonces, ya no consiste únicamente en mostrar que la inflación cayó desde los dos dígitos mensuales heredados al inicio de la gestión. El desafío pasa ahora por convencer de que todavía queda otro escalón por bajar.





