

El mercado argentino de celulares atraviesa en 2026 una reconfiguración de fondo. El punto de partida fue el decreto 333/2025, que eliminó gradualmente el derecho de importación extrazona para celulares: primero lo redujo del 16% al 8% en mayo de 2025 y, desde el 15 de enero de 2026, lo llevó a cero.
La medida se combinó con una baja del impuesto interno para dispositivos electrónicos importados, que pasó del 19% al 9,5%. Aunque Tierra del Fuego conserva beneficios fiscales bajo el régimen de la ley 19.640, la brecha entre celulares nacionales e importados se redujo de manera sensible. En el sector estiman que los precios finales en el canal formal bajaron entre 30% y 40%, acercándose a los valores de mercados vecinos y de los Estados Unidos.
Pese al nuevo contexto de mayor competitividad, el circuito ilegal de celulares continúa activo en todo el país. Las redes informales, consolidadas durante años de alta protección arancelaria, siguen operando gracias a la evasión de IVA, Ganancias, ingresos brutos y tasas municipales. La diferencia de precio se achicó, pero no desapareció.
El peso económico del contrabando de celulares
La dimensión del mercado ilegal es significativa. Informes de consultoras privadas estiman que el contrabando y el comercio informal en general, no solo celulares, provocaron pérdidas fiscales por unos 2.300 millones de dólares durante el último año fiscal auditado.
La cifra equivale a cerca del 0,3% del Producto Bruto Interno. Traducido a infraestructura pública, representa recursos comparables con la construcción de 3.800 escuelas primarias, 80 hospitales de alta complejidad o 1.900 kilómetros de rutas nacionales.
En telefonía móvil, el impacto también es relevante. Las estimaciones sectoriales ubican la pérdida directa de recaudación aduanera en torno de los 190 millones de dólares anuales. Si se suma la evasión a lo largo de toda la cadena (transporte, comercialización, IVA, Ganancias e ingresos brutos), el perjuicio fiscal total trepa a un rango de entre 400 millones y 500 millones de dólares por año.
El avance del canal informal fue sostenido. Lo que antes representaba alrededor del 7% de las ventas totales hoy concentra entre el 30% y el 35% del mercado. En términos simples: uno de cada tres celulares vendidos en la Argentina proviene del circuito informal o del contrabando.
Ese volumen equivale a más de 3,2 millones de celulares por año, o cerca de 50.000 dispositivos por semana ingresados sin supervisión formal. El flujo económico asociado ronda los 1858 millones de dólares anuales, frente a los 2311 millones generados por la producción, el ensamblaje y la distribución legal.
La situación es especialmente sensible en la gama alta, donde el mercado informal llega a captar hasta el 50% de la demanda. La ventaja no surge de una mayor eficiencia, sino de una estructura de costos artificial: mientras el canal formal afronta impuestos, cargas financieras y costos de comercialización, el contrabando evita buena parte de esas obligaciones.
El daño también alcanza al empleo formal. Según estimaciones del sector, el contrabando de celulares provocó la pérdida de 870 puestos directos en plantas de ensamblaje y centros logísticos. La entrada masiva de dispositivos sin control aduanero excede lo fiscal: desarticula la cadena formal y genera una competencia imposible de sostener para quienes cumplen con salarios, cargas patronales e impuestos.
Los riesgos para usuarios y empresas
El menor precio inicial puede resultar atractivo, pero la compra de celulares fuera del circuito formal expone a consumidores y compañías a costos ocultos. Para empresas que adquieren flotas completas, el riesgo se multiplica: una falla masiva, un bloqueo de equipos o una incompatibilidad técnica puede afectar operaciones, soporte interno y continuidad del negocio.
- Sin garantía oficial. Los celulares ingresados por contrabando suelen carecer de documentación aduanera y respaldo comercial local. Ante fallas de hardware o defectos de fábrica, los servicios técnicos oficiales pueden rechazar la cobertura. Para una empresa, esto implica asumir reparaciones costosas o reemplazar activos antes de tiempo.
- Incompatibilidad con redes locales. Algunos celulares fabricados para otros mercados no soportan bandas clave usadas en la Argentina, como la Banda 28 para 4G o la n78 para 5G. La consecuencia puede ser menor cobertura, navegación más lenta, cortes frecuentes y mayor consumo de batería.
- Accesorios sin homologación. Los cargadores incluidos en celulares de origen dudoso pueden no cumplir con los requisitos de seguridad eléctrica vigentes. Sin certificaciones ni controles adecuados, aumentan los riesgos de sobrecalentamiento, daño del dispositivo o incidentes eléctricos.
- Bloqueo por IMEI irregular. El IMEI funciona como la identidad única del celular. Si el equipo fue denunciado, clonado o detectado como irregular, las operadoras pueden bloquearlo por disposición del Ente Nacional de Comunicaciones (Enacom). El comprador queda entonces con un dispositivo sin conexión móvil.
Cómo verificar el origen de un celular
Antes de comprar, conviene aplicar una verificación básica. El objetivo es confirmar que el celular pueda operar legalmente, que tenga respaldo documental y que no presente señales de adulteración.
- Comprobar el IMEI. Encender el celular delante del vendedor y marcar *#06#. El número que aparece en pantalla debe coincidir con el impreso en la caja o grabado en la bandeja SIM. Cualquier diferencia, raspadura o etiqueta alterada es una señal de alerta.
- Consultar la base del Enacom. Con el IMEI anotado, verificar el estado del celular en el registro oficial. Si existe denuncia por robo, pérdida o duplicación, el sistema indicará que el dispositivo no está habilitado para operar.
- Revisar la homologación Ramatel. Todo celular importado legalmente debe contar con inscripción en el Registro de Materiales de Telecomunicaciones (Ramatel). La identificación puede figurar en el equipo, la caja o el manual.
- Exigir factura válida. La factura A o B debe ser emitida por un comercio registrado y detallar el celular adquirido, idealmente con número de serie e IMEI. Es el principal respaldo para reclamos, garantías y trámites posteriores.
Un punto de inflexión, pero no el final del problema
El arancel cero marca un punto de inflexión para el mercado argentino de celulares. Al reducir el costo de importación y achicar la brecha con otros países, la política oficial le quitó parte de su atractivo económico al circuito ilegal. Sin embargo, la informalidad acumulada durante años conserva escala, logística y hábitos de consumo difíciles de revertir.
La nueva paridad de precios vuelve menos justificable la compra fuera del canal formal. El supuesto ahorro queda relativizado frente a la falta de garantía, el riesgo de bloqueo, las incompatibilidades técnicas y la exposición a accesorios no certificados. Para consumidores y empresas, comprar un celular en el circuito legal ya no es solo una decisión de cumplimiento: es una forma de proteger la conectividad, la inversión y la seguridad operativa.





