

El plan económico de Javier Milei superó un test muy relevante en la primera parte de este 2026. Tan importante que puede sellar la suerte del proceso que viene.
El hecho concreto se vincula con el fuerte superávit comercial que la Argentina registró desde que arrancó el año.
El país acumuló un superávit comercial de u$s13.923 millones, el mayor registrado para un primer semestre desde que existen estadísticas comparables.
Para tener en cuenta: significa que se multiplicaron por cinco en relación a los u$s2.762 millones del primer semestre de 2025.
El dato no sólo refleja un fuerte ingreso de divisas, sino que además explica buena parte de la estabilidad cambiaria que el Gobierno exhibe como uno de sus principales activos.
A simple vista podría suponerse que semejante resultado fue consecuencia de una explosión de ventas hacia los principales socios comerciales del país. Sin embargo, ocurrió exactamente lo contrario.
Los principales socios le drenan dólares a la Argentina
Los últimos registros oficiales sorprenden. La generación de dólares comerciales de la Argentina no depende de sus principales socios. Ni el Mercosur ni China aportan billetes verdes; más bien todo lo contrario.
“En los seis meses de 2026, el intercambio con el Mercosur tuvo un déficit de u$s1.877 millones: se trató del segundo en importancia después de China”, asegura el informe del Indec.
Con China, el rojo comercial en seis meses resultó de u$s3.092 millones, producto de la fuerte dependencia argentina de bienes industriales, maquinaria e insumos provenientes de ese país.
Con Europa, el déficit acumulado fue de u$s659 millones, el tercero en relevancia.
Brasil, el principal destino de las exportaciones argentinas, siguió mostrando un saldo negativo para la Argentina. En el semestre, las ventas alcanzaron los u$s6.254 millones, mientras que las importaciones desde ese país sumaron u$s7.650 millones. El rojo bilateral rondó así los u$s1.400 millones.
Cuáles son las “fábricas de dólares” que funcionan como pilar del plan Caputo
Entonces, ¿de dónde salieron los casi u$s14.000 millones que terminaron fortaleciendo la balanza comercial?
La explicación hay que buscarla en una transformación silenciosa de la estructura exportadora. A diferencia de otros períodos, el resultado no dependió exclusivamente del agro. Fueron cuatro motores los que empujaron el ingreso de divisas.
Algo así como el “nuevo modelo” Milei.
1) El campo
El primero fue el complejo agroindustrial, que continúa siendo el mayor generador de dólares. Las manufacturas de origen agropecuario representaron el 32% de todas las exportaciones y crecieron 15,1% respecto del primer semestre del año pasado.
La recuperación de los embarques de harina y aceite de soja, junto con las ventas de carne, volvió a colocar al complejo sojero en el centro del escenario exportador.
2) La energía
El segundo protagonista fue Vaca Muerta. Las exportaciones de combustibles y energía aumentaron 42,5%, el mayor crecimiento entre todos los grandes rubros. El petróleo desplazó definitivamente su papel de sustituto de importaciones para transformarse en un generador neto de divisas. Entre los productos más exportados aparecen los aceites crudos de petróleo, que lideraron el ranking nacional.
El economista Nadín Argañaraz se metió en los detalles de ese salto. “Al descomponer la variación de la balanza de dólares de la energía en el parcial del año, se tiene que el efecto precio generó una suba de u$s552 millones. Con relación al efecto cantidades, el saldo extra fue positivo por u$s1.656 millones. De la combinación de un efecto cantidades positivo y un efecto precio positivo, surgió el efecto neto positivo de u$s2.207 millones“, explicó Argañaraz.
3) La industria
La tercera sorpresa provino de la industria. Las manufacturas de origen industrial crecieron 27,5%, impulsadas por mayores exportaciones de productos químicos, metales y vehículos.
En otras palabras, el salto exportador no fue exclusivamente un fenómeno asociado al campo o a la energía.
Finalmente aparecen los productos primarios, que avanzaron 25,5% gracias al mayor aporte del maíz, minerales, oro y litio, consolidando un perfil exportador cada vez más diversificado.
Los productos más vendidos al exterior reflejan ese cambio de matriz. Al tradicional liderazgo de la harina y el aceite de soja se sumaron el petróleo, el maíz, los vehículos, el oro, el carbonato de litio y la carne vacuna. La foto exportadora de 2026 muestra una economía mucho menos dependiente de un único sector.
El nuevo mapa de destinos que impulsa las exportaciones
Tampoco el mapa geográfico fue el habitual.
Mientras Brasil y China continuaron explicando buena parte del déficit bilateral, crecieron con fuerza mercados como Chile, India y otros destinos asiáticos, que absorbieron mayores embarques de energía, granos y derivados agroindustriales.
Además, China incrementó 59,1% sus compras de productos argentinos respecto del año pasado, aunque ese avance todavía no alcanzó para revertir el saldo negativo bilateral.
El resultado final fue contundente. Las exportaciones aumentaron 24,4% interanual y alcanzaron u$s49.454 millones, mientras que las importaciones retrocedieron 3,9%, hasta u$s35.531 millones.
Esa combinación permitió que el superávit pasara de apenas u$s2.762 millones en el primer semestre de 2025 a casi u$s14.000 millones este año, un salto que explica buena parte del alivio externo con el que hoy cuenta el Gobierno.
Para Luis Caputo, ese flujo de divisas representa mucho más que un dato estadístico. Es uno de los pilares sobre los cuales descansa la estrategia oficial para sostener la estabilidad cambiaria, fortalecer las reservas y atravesar los próximos meses sin tensiones en el mercado de cambios.
La incógnita refiere a cuánto de este fenómeno responde a una mejora estructural de la oferta exportadora y cuánto depende de un contexto internacional de precios todavía favorable para varios de los principales productos argentinos.
Y, a la vez, de una economía interna que no demanda la cantidad de divisas que sí necesitaría en caso de una expansión más poderosa.





