
Wall Street pide más impulso al consumo, pero Milei prioriza bajar la inflación mientras el riesgo país mejora y persisten riesgos externos
13/07/2026 – 13:20hs
El Gobierno enfrenta una decisión que ya no gira principalmente alrededor del dólar, sino del ritmo que tendrá la recuperación económica. Algunos bancos de Wall Street reclaman una política monetaria menos restrictiva para acelerar el consumo y el crédito, pero Javier Milei insiste en que no habrá cambios de rumbo mientras la inflación no baje del 1% mensual.
La apuesta oficial es clara. Primero consolidar la estabilidad de precios y después habilitar una economía con mayor circulación de pesos. El costo de esa secuencia es que la actividad puede avanzar más lentamente y que el consumo tarde más en recuperar fuerza.
Milei rechaza aflojar la política monetaria para impulsar el consumo
Desde el exterior consideran que el orden fiscal, la menor inflación y la reducción del riesgo financiero podrían darle al Gobierno margen para flexibilizar parcialmente la política monetaria. La idea sería facilitar una recuperación más rápida del crédito y del mercado interno.
El equipo económico descartó esa posibilidad. Su argumento es que una mayor expansión monetaria antes de tiempo puede comprometer la desinflación, que hoy representa uno de los principales activos económicos y políticos del oficialismo.
La consecuencia es una recuperación desigual. El Gobierno prefiere resignar velocidad antes que correr el riesgo de que los precios vuelvan a acelerarse. El punto a resolver es cuánto tiempo puede sostenerse esa estrategia sin que la debilidad del consumo se convierta en un problema más persistente.
La baja del riesgo país abre una oportunidad para el crédito
La decisión coincide con una señal favorable del mercado. El riesgo país cayó a 402 puntos básicos, su nivel más bajo desde 2018, y distintas proyecciones consideran que podría acercarse a 350 puntos antes de fin de año.
Una baja sostenida reduce el costo potencial de financiamiento para el Estado y también puede mejorar las condiciones para las empresas. Eso podría favorecer inversiones, empleo y crédito privado.
Pero esa transmisión no es automática. Para que la mejora financiera llegue a la economía cotidiana, las empresas deben acceder efectivamente a financiamiento más barato y transformar ese alivio en proyectos, contratación y mayor oferta de crédito.
La energía amenaza con sumar presión sobre la inflación
El Gobierno también enfrenta un riesgo externo que refuerza su cautela. Según un informe de la CEPAL, una escalada de la guerra en Medio Oriente podría agregar entre 0,9 y 2,5 puntos porcentuales a la inflación anual argentina.
El impacto dependerá de la magnitud de la suba internacional de la energía y de cuánto se traslade a combustibles, tarifas, transporte, fletes y productos importados. El escenario más adverso supone un fuerte encarecimiento del petróleo y un traspaso significativo hacia los precios locales.
La discusión económica queda así concentrada en una tensión concreta. El mercado reclama más velocidad para el consumo y el crédito, mientras el Gobierno prioriza proteger la baja de la inflación frente a riesgos internos y externos.
El dato que habrá que seguir es si la mejora del riesgo país y del financiamiento permite que la actividad gane impulso sin necesidad de modificar la política monetaria. De eso dependerá que la estabilidad empiece a sentirse también en el consumo, el empleo y el bolsillo.





