

En el país del superávit fiscal que pregona Javier Milei, la deuda pública argentina alcanzó los u$s483.830 millones hasta el 31 de marzo, el nivel más alto registrado hasta el momento en la historia argentina. El dato surge de la información oficial publicada por el Ministerio de Economía y muestra que, desde diciembre de 2023, el endeudamiento aumentó en casi u$s113.000 millones, lo que equivale a un incremento cercano al 30%, con lo cual la estrategia es patear deuda hacia adelante.
De acuerdo con el análisis de la Fundación de Estudios Políticos y Estratégicos (Funepe), que dirige Cristian Módolo, este aumento no responde a un solo factor. Incluye nuevas emisiones de deuda, la capitalización de intereses (es decir, intereses que se suman al capital) y cambios en la valuación de los pasivos.
Para la fundación Funepe, más allá del número total, lo relevante es cómo cambió la composición de la deuda y qué implica eso hacia adelante.
El riesgo de los vencimientos a corto plazo se cuadruplicó
Uno de los puntos centrales es el plazo de la deuda. Funepe señala que creció de manera significativa el peso de los compromisos de corto plazo, es decir, aquellos que vencen dentro de un año. Mientras en diciembre de 2023 representaban apenas el 3,5% del total, en marzo de 2026 ya alcanzaban el 14%.
Esto implica que los vencimientos se cuadruplicaron en ese período. Instrumentos como las LECAP ganaron protagonismo, lo que, según el informe, aumenta el riesgo de tener que refinanciar constantemente esos compromisos en condiciones que fija el mercado.
Sobre este punto, el experto en economía y finanzas Cristian Módolo señaló: “Las LECAP ganaron rápidamente terreno en la carrera de los acreedores. Y cuando decimos corto plazo hablamos de deuda que vence dentro del año calendario”.
Agregó: “La contracara de esta estrategia es un aumento significativo del riesgo de refinanciamiento, es decir, la concentración de vencimientos en horizontes más breves de tiempo hecho que obliga a una continua renovación, dejando al Tesoro a merced de las exigencias de los acreedores”.
Superávit fiscal con deuda flotante de 4.000 millones de dólares
La medición de Funepe sobre el acumulado de la deuda pública argentina de u$s484.000 millones se hizo con el corte del 31 de marzo. Para ese mismo período, el Gobierno informó un superávit fiscal primario de $930.284 millones y un superávit financiero de $484.789 millones (tras pagar intereses).
Este resultado, fundamentado en un fuerte ajuste del gasto público, acumula un superávit primario del 0,5% del PIB en el primer trimestre, consolidando la meta fiscal, aunque con aumento de deuda flotante.
Tal como informó iProfesional el 15 de abril último, el Tesoro contrajo una deuda flotante de $5,6 billones, unos u$s4.000 millones, el 3,6% del gasto total del presupuesto 2026. La deuda flotante es aquella que se contrae con los pagos de gastos corrientes y de capital, es decir que el superávit en gran medida obedece a la política de “no pagar gastos fijos” o lo que comúnmente se llama “pagadios”.
Esto obedece a que el Gobierno autoriza gastos (devengados) por pagos que luego posterga a proveedores, obras sociales, PAMI, transportes, provincias, y gastos de capital (obras públicas). Esto obedece a la caída de ingresos que en marzo fue del 4,5% respecto de marzo de 2025, con una octava caída consecutiva en la recaudación de la AFIP. La falta de pagos en esos sectores provocó fuertes tensiones sociales, paros de médicos del PAMI, de choferes de transportes y reclamos de las provincias.
El resultado del superávit se logró en un contexto de caída sostenida de la recaudación tributaria y un “ajuste motosierra” que recortó el gasto primario. El sector público acumuló un superávit primario de aprox. 0,5% del PIB y financiero del 0,2% del PIB en el primer trimestre.
Las prestaciones sociales aumentaron un 27,7% interanual y las remuneraciones un 25,7%, ambos por debajo de la inflación.
La deuda en pesos se duplicó y pasó a representar el 46% del total
Sin embargo, la deuda siguió creciendo. Otro cambio importante respecto de la deuda pública argentina se dio en la moneda en la que está emitida esa deuda. Si bien el dólar sigue siendo predominante, creció con fuerza la deuda en pesos. Pasó de representar el 23% del total a fines de 2023 al 46% en marzo de 2026. Según Funepe, esta estrategia buscó reducir la exposición a una eventual devaluación, pero al mismo tiempo modificó el funcionamiento del mercado local de crédito.
“Esta estrategia, si bien buscó reducir la debilidad frente a una devaluación, alteró todas las condiciones del mercado local del crédito”, insistió Módolo.
El tercer eje analizado es el mecanismo de ajuste de la deuda, en particular la indexación por inflación. Este tipo de instrumentos pasó del 11% del total a fines de 2023 al 22% en la actualidad. El informe explica que esto responde a la necesidad del Tesoro de ofrecer protección frente a la inflación para poder conseguir financiamiento. Sin embargo, advierte que esta dinámica implica que, si los precios suben, también lo hace el capital adeudado, lo que puede presionar las cuentas fiscales.
“Esta decisión implica trasladar el riesgo inflacionario a la deuda, es decir, rociar de nafta el polvorín fiscal puesto que a medida que los precios se aceleran, el capital adeudado también se incrementa, generando una dinámica de indexación que puede llevar a un resultado fiscal explosivo”, dijo Módolo.
A esto se suma la deuda con organismos internacionales, que a fines de marzo alcanzaba los u$s96.600 millones, equivalente al 18% del total.
Tres tendencias que aumentan la vulnerabilidad del sistema económico
En síntesis, la Fundación Funepe describe tres tendencias principales desde el inicio de la actual gestión: plazos más cortos, mayor peso de la deuda en pesos y un aumento de los instrumentos ajustados por inflación.
Según el informe, estos cambios hacen que la economía sea más sensible a variaciones en variables clave como el tipo de cambio, la inflación y la capacidad de renovar los vencimientos.
“En resumen, la película de la deuda desde diciembre de 2023 se traduce en un: i) acortamiento de plazos promedio, ii) una mayor utilización del mercado en pesos, iii) y una creciente indexación del stock aumentando notablemente la sensibilidad del sistema económico a shocks macroeconómicos, tanto internos como externos”, señaló el director de Funepe.
De cara al futuro, la sostenibilidad de la deuda dependerá, según la entidad, de la posibilidad de refinanciar los compromisos, de la evolución del dólar y del comportamiento de los precios. El documento plantea que, más allá del discurso de orden fiscal, los datos muestran una dinámica de endeudamiento que combina aumento del volumen con cambios en su estructura, lo que podría incrementar la vulnerabilidad del sistema económico.
La conclusión de Módolo fue alarmante: “La política de endeudamiento libertario, no solo muestra un inédito crecimiento cuantitativo sino también un cambio cualitativo en su composición que nos hace más vulnerables. Y mientras tanto, el relato sigue hablando de orden, de disciplina y de futuro, como si los números no contaran otra historia”.
“En el país del superávit, en realidad, todo se patea para adelante, se maquilla con ingeniería financiera y se celebra como éxito lo que en cualquier manual de economía sería señalado como un fracaso. Y cuando llegue el momento, no la van a pagar los que diseñaron este esquema: la van a pagar, otra vez, los mismos de siempre”, señaló el economista de Funepe.





