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El dólar vuelve a caer y se consolida abajo de los $1.400, en su menor valor en cuatro meses

El dólar oficial cerró ese lunes 23 de febrero a $1.390 en la pizarra del Banco Nación y se ubicó en su menor valor desde mediados de octubre. Por su parte, edólar mayorista cedió $5,5 a $1.370,5 para la venta. La brecha contra el techo de la banda cambiaria, que es hoy es de $1.600,66, alcanzó un 16,8%, su nivel más alto desde el 1 de julio de 2025. En cuanto a los dólares financieros, el MEP cayó a los $1.392,16 y el contado con liquidación (CCL) subió a $1.439,95. Mientras que el dólar blue, retrocedió a $1.420.

De esta manera, se consolida la baja del tipo de cambio oficial, ubicándose bien por debajo de los $1.400. Sin embargo, hay algunos factores que sigue el emrcado y que podrían hacerlo reaccionar.

Marzo está por lleger con una calma aparente en el mercado cambiario, pero con un trasfondo que el mercado sigue de cerca: la dinámica de las tasas cortas en pesos y el peso del calendario de vencimientos. La cotización puede verse estable en la pantalla, pero el equilibrio se decide en otra parte: cuánto cuesta absorber pesos, cuánto cuesta rollear deuda y cuánto margen queda para comprar reservas sin alimentar volatilidad.

En este esquema, las reservas funcionan como el activo estratégico que el Gobierno intenta fortalecer para mejorar solvencia externa y bajar el costo de financiamiento. Pero el “cómo” importa tanto como el “cuánto”: si la acumulación se logra con esterilización agresiva y tasas que saltan, el tipo de cambio puede quedar calmo por un tiempo, aunque con tensiones latentes.

El punto clave es que el mercado no mira solo el dato diario del dólar. Mira si el programa puede sostenerse cuando haya más demanda de pesos, cuando el Tesoro tenga que renovar montos grandes, o cuando el sistema financiero empiece a sentir la presión de tasas más volátiles. Marzo suele amplificar estas pruebas porque combina normalización de flujos, licitaciones y señales de política monetaria.

El ancla que sostiene al dólar hoy (y la condición para bajar el costo del crédito)

Desde GMA Capital señalaron que el esfuerzo por acumular reservas no es casual: funciona como condición para avanzar hacia una normalización macro que permita recuperar acceso a mercados internacionales a tasas más razonables. En esa hoja de ruta, la calificación crediticia y los indicadores de solvencia externa aparecen como señales clave para inversores.

Sus analistas apuntaron que, al comparar a Argentina con emergentes de mejor rating, queda clara la distancia en dos frentes: inflación y reservas. En nominalidad, ubicaron a Argentina con 31,5% de inflación en 2025, frente a medianas entre 2% y 4,4% en grupos con calificación superior, un desvío que sigue pesando sobre expectativas y spreads.

En el frente externo, los especialistas del bróker detallaron que las reservas brutas equivalen a 6% del PIB, un nivel muy por debajo de medianas como 15,1% en BB- y 9,6% en B-. También remarcaron que la cobertura es baja: reservas por 43% del ARA y apenas 0,5 veces la deuda en dólares de corto plazo, frente a ratios más altos en comparables.

Para GMA Capital, esa brecha explica por qué la acumulación de reservas es más que un objetivo táctico: es un requisito estructural para mejorar el perfil externo y, con eso, seguir comprimiendo rendimientos. En su lectura, Argentina debería tener entre USD 90.000 millones y USD 140.000 millones de reservas brutas para parecerse a créditos con ratings apenas superiores, como B- y B.

Superávit, ingresos flojos y gasto con señales mixtas

En paralelo, desde GMA Capital señalaron que la consolidación fiscal sigue siendo un pilar del esquema. En enero, el Sector Público Nacional registró un superávit primario de $3.125 millones y un superávit financiero de $1.105 millones, con saldos de 1,5% y 0,2% del PIB respectivamente en los últimos doce meses.

Sin embargo, los expertos de la sociedad de bolsa explicaron que el margen fue más acotado cuando se ajusta por factores extraordinarios. Un ingreso por privatización de centrales hidroeléctricas del Comahue, por cerca de $1.000 millones, aportó holgura: sin ese ingreso, estimaron que el superávit financiero habría sido cercano a $61,3 millones.

Sus analistas apuntaron que la señal más sensible estuvo del lado de los recursos: los ingresos totales cayeron 1,2% real interanual, con un deterioro marcado en lo tributario, que retrocedió 8,2% interanual real. Para el mercado, eso importa porque reduce el “colchón” para sostener el superávit si la actividad no recompone rápido.

Del lado del gasto, los especialistas del bróker detallaron un recorte moderado: el gasto primario bajó 0,7% real interanual, con caídas en gasto de capital (-36%) y salarios (-10,9%), pero con subas fuertes en transferencias a provincias (+32,1%) y subsidios energéticos (+191,3%). Esa combinación vuelve central la discusión sobre subsidios para sostener el equilibrio fiscal sin recurrir a shocks.

La esterilización que sostiene el dólar, pero encarece el “carry”

Desde 1816 señalaron que el arranque de 2026 dejó un rasgo distintivo: se compran reservas, pero no se expande la base monetaria. Según describieron, aunque el BCRA inyectó alrededor de $3,0 billones por compras en el mercado cambiario, la base monetaria se contrajo $2,0 billones en el acumulado del año.

Sus analistas apuntaron que la brecha, de $5,0 billones, se explica por dos factores. Primero, una ganancia del BCRA en futuros de dólar, que estimaron en $0,5 billones. Segundo —y más relevante— una estrategia de esterilización conjunta entre Tesoro y Banco Central.

Los expertos de la consultora explicaron que el Tesoro absorbió $3,5 billones netos en el mercado primario sumando las subastas del año, mientras que el BCRA retiró pesos adicionalmente mediante repos y operaciones con títulos soberanos en el mercado secundario, con una esterilización neta cercana a $1,0 billón. El resultado, para 1816, fue una compra de reservas esterilizada.

Ese mecanismo sostiene al dólar en el corto plazo porque evita que los pesos “sobren” y se vayan a cobertura. Pero también tiene un costo: requiere que el sistema tolere tasas altas y, sobre todo, que el mercado crea que el esquema es repetible. Si la esterilización depende de licitaciones cada vez más exigentes o de intervenciones más frecuentes, el precio de mantener la calma puede subir.

El riesgo silencioso que se siente antes en pesos que en el dólar

Para 1816, el problema no es únicamente que las tasas sean elevadas, sino que sean volátiles. Sus analistas destacaron que la volatilidad en tasas cortas puede terminar siendo más nociva que el nivel, porque castiga la previsibilidad de los retornos en pesos y enfría la demanda por instrumentos locales en momentos clave.

En su lectura, el Banco Central interviene para que esa volatilidad no se descontrole y para recuperar el rol de prestamista de última instancia. Pero advirtieron que cambios recientes en el esquema de política monetaria —incluida la eliminación de las LEFI y el paso a un régimen más endógeno de tasas— dejaron movimientos bruscos difíciles de absorber sin ruido.

Desde 1816 señalaron que no se puede descartar que vuelvan semanas con tasas por encima de 20% o 25%, como se vio recientemente, y también recordaron que ya existieron episodios con tasas por encima de 40%. Para la consultora, ese rango de dispersión es lo que complica el “timing” del carry y eleva el premio que exige el mercado para quedarse en pesos.

Marzo entra en ese radar porque suele concentrar eventos de financiamiento y definiciones de política. Con tasas cortas moviéndose rápido, la demanda por deuda en pesos puede ponerse más selectiva: si el rollover se encarece, el Tesoro termina pagando más por absorber liquidez, y el esquema de dólar calmo se vuelve más caro de sostener.

Vencimientos 2026-2027: el verdadero test de reservas 

Desde GMA Capital remarcaron que la acumulación de reservas es crucial para algo más que la foto cambiaria. En su lectura, un mejor perfil externo permite seguir convergiendo hacia rendimientos de créditos comparables y, con eso, habilitar emisiones para rollear vencimientos sin sacrificar reservas.

Sus analistas recordaron que, aun después de una compresión fenomenal del riesgo país, Argentina todavía rinde por encima de algunos comparables. Como referencia, señalaron que el GD35 rinde cerca de 9,4%, mientras bonos como Ecuador 2035 y El Salvador 2035 se mueven entre 7% y 8,6%. Para el bróker, converger al 8% en el tramo largo implicaría ganancias de capital entre 7,2% y 9,7% para soberanos argentinos.

Pero el punto más sensible está en el calendario: los especialistas del bróker detallaron que Argentina enfrenta compromisos por unos USD 30.000 millones en 2026 y 2027 entre bonistas privados y el FMI (neto de desembolsos). Evitar pagar en efectivo esos vencimientos permitiría preservar reservas y sostener el blindaje externo ante shocks.

En esa lógica, la “ventanilla del crédito” se vuelve un objetivo estratégico: poder refinanciar sin drenar dólares. Por eso, para GMA Capital la acumulación de reservas no solo puede bajar rendimientos: también puede ser el factor que defina si el dólar se mantiene estable o si vuelve a sentir presión cuando el calendario apriete.

Qué mirar en marzo: las 4 señales que pueden anticipar un cambio en el dólar

El primer indicador a seguir es la capacidad de sostener compras de reservas sin que se desarme la esterilización. Si el BCRA compra, pero el mercado siente que los pesos empiezan a “sobrar”, el dólar suele reaccionar antes por expectativas que por flujos.

El segundo es la evolución de la tasa corta: no solo su nivel, sino su estabilidad. Para 1816, la volatilidad es un factor que encarece el programa y puede enfriar el apetito por instrumentos en pesos. Si el mercado exige más tasa para rollear, el costo del ancla sube.

El tercero es el frente fiscal: para GMA Capital, sostener el superávit con ingresos tributarios débiles y una estructura de gasto con subsidios creciendo requiere decisiones finas. Si la actividad no recompone recursos, el margen se achica y la presión se traslada a deuda o tasas.

Y el cuarto es el acceso al financiamiento: si las reservas avanzan y el riesgo baja, el camino al rolleo de vencimientos en dólares se vuelve más viable. Si no, la tensión aparece por la vía del calendario. En síntesis, marzo puede no mover el dólar por sí mismo, pero puede exponer qué tan robusto es el equilibrio que hoy lo mantiene quieto.

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