
Argentina es tierra de Malbec pero, también, de vinos blancos. Y no estamos hablando únicamente del Torrontés, la cepa blanca emblemática. Por el contrario, hace tiempo que las bodegas locales vienen afinando el pulso con otras variedades, como Sauvignon Blanc, Chardonnay, Semillón y Viognier, por nombrar solo algunas. En este largo camino, la expansión de la frontera vitivinícola, a nivel altitud y también latitud, en búsqueda de suelos propicios y terruños más fríos, se convirtió en un factor decisivo.
“El presente de los blancos argentinos siento que está en constante expansión. Somos un país que siempre se asocia al consumo casi exclusivo de vinos tintos, pero hoy los productores están demostrando que producir blancos de calidad también es posible. Creo que la búsqueda de climas más fríos, puntos de cosechas más tempranos y una enología menos intervencionista generaron blancos más nítidos, con identidad, frescura y precisión”, señala Andrea Donadio, quien fuera ganadora del concurso Mejor Sommelier de Argentina en 2022.
En este contexto de búsqueda de vinos blancos de clase mundial, la Argentina viene sumando medallas, en un paso a paso no frenético, pero sí consistente, en algunos concursos relevantes, como fue este mes con el certamen The Global Chardonnay Masters 2025, muy relevante por centrarse exclusivamente en esta variedad.
Si bien el informe global señaló el dominio del hemisferio sur, pero con fuerte liderazgo de Sudáfrica y Australia, el dato a estacar es que la Argentina fue mencionado como país productor “a observar”, en referencia a su evolución cualitativa y a la consolidación de nuevos estilos más equilibrados, frescos y con un uso de madera más preciso.
El certamen —organizado por The Drinks Business y evaluado a ciegas por un panel internacional de Masters of Wine, sommeliers y especialistas— otorga medallas solo a aquellos vinos que superan estándares superiores. Las categorías se dividen por estilos y rangos de precio, lo que permite medir competitividad real en cada segmento.
Kaiken encabeza el desempeño argentino
El punto más alto del concurso estuvo por el lado de Bodega Kaiken, con su etiqueta Ultra Chardonnay 2023, que obtuvo medalla de oro en la categoría “Oaked Still Chardonnay”, en el rango de las 15 a 20 libras (en el mercado interno se comercializa a un precio sugerido de $26.800).
Se trata de un blend que conjuga uvas de Gualtallary, en Valle de Uco, y de Vistalba, en Luján de Cuyo. Y antes de entrar de lleno en el vino en sí, centrémonos en lo que los jueces del concurso destacaron especialmente de los Chardonnay sudafricanos: haber logrado “un equilibrio entre lo generoso y lo refrescante, con fruta madura, pero una acidez cítrica atractiva y, en cuanto al roble y las lías, una influencia que aporta notas tostadas sin volverse demasiado cremosa”.
Kaiken Chardonnay Ultra 2023, premiado con medalla de oro
Y esta es -sin que el equipo enológico de Kaiken haya tratado de copiar nada- una de las claves de Ultra Chardonnay 2023: balance muy justo entre elegancia, sana madurez y frescura. ¿Cómo se traduce esto en la copa? Primero, en su abanico amplio, que suma notas de frutas de pepita, trazos florales y una carga tropical justa, apoyado en una madera que aporta sus clásicas notas dulces, pero de manera armoniosa -buena decisión de que solo el 35% del vino haya pasado por barricas nuevas. Luego, se siente ligeramente untuoso -clave aquí los 12 meses sobre lías-, pero también hay fluidez y una acidez que, a medida que transcurra el vino, va limpiando el paladar, dejando una sensación elegante y para nada sobrecargada. Sabroso y bebible.
Cuando se le pregunta a Juan Pablo Solís, enólogo de Bodega Kaiken, qué destacaría desde lo organoléptico de este Chardonnay premiado, responde: “Este vino combina una parte untuosa y esa evolución que aporta la barrica, pero al mismo tiempo conserva frescura y la acidez que nos da Gualtallary. El perfil buscado es un intermedio entre un Chardonnay californiano -con más madera y untuosidad- y algo más fresco. La madera está presente, pero sin dejar de ser un vino elegante y frutado”.
¿Y qué implica para la Argentina tener un Chardonnay premiado con un oro? “Tener un vino premiado con oro habla de la rápida evolución que ha tenido Argentina en términos de calidad en los últimos años. Hemos crecido muchísimo en la elaboración de blancos, de la mano de la tecnología, del entendimiento del terroir, de conocer mejor los suelos y el clima. Que estemos premiados con oro no me sorprende por el trabajo que se viene haciendo, y refleja el buen momento que atraviesa Argentina en calidad de vinos”, agrega.
¿Qué otros buenos vinos Chardonnay probar?
En el certamen The Global Chardonnay Masters 2025, la mayoría de los reconocimientos se concentró en las medallas de plata, especialmente en gamas medias-altas. Entre los destacados que te recomendamos probar desde iProfesional, no podemos dejar de mencionar Luigi Bosca Filos Chardonnay 2023, que se impuso en un muy difícil segmento de vinos de entre 70 y 100 libras.
La bodega, comandada enológicamente por Pablo Cúneo, presentaba en sociedad hace exactamente 1 año este blanco que se posiciona como uno de los mejores nuevos Chardonnay de Argentina.
En los últimos tiempos, la bodega estuvo profundizando en el estudio y el perfeccionamiento del Cabernet Sauvignon, pero Luigi Bosca siempre produjo interesantes vinos blancos (basta chequear su Riesling). En este caso, irrumpió con un blanco de clase mundial: el equipo buscó un blanco estilo Borgoña motorizado por cierta austeridad y la acidez natural y para ello fueron hasta Gualtallary y El Peral. El resultado es un vino con una paleta elegante, dominada por las frutas blancas, las flores y un toque justo de madera que le queda muy bien y que no sobrecarga su presente. No es voluminoso ni sucroso, pero sí hay un paso preciso y con una ligerísima cremosidad, compensado por una rica acidez, casi crocante, que revela los diferentes puntos de cosecha para tener lo mejor de los dos mundos: la redondez y la vibrancia.
Luigi Bosca Filos Chardonnay
En el rango de las 10 a 15 libras, donde se libra una pelea muy fuerte por los vinos con mejor relación precio-calidad, se destacaron dos añadas del Chardonnay de Terrazas de los Andes (la 2024 y 2025), ambas con dos medallas de plata.
La bodega ha venido recorriendo un interesante camino en los últimos años, buscando terruños de mayor altura, desgrasando un poco los vinos y dotándolos de una acidez más marcada, pero siempre, siempre integrada. Y este blanco (nos centraremos en la añada 2024) no es la excepción: proviene de diferentes viñedos de Gualtallary y El Peral, en Valle de Uco, y se luce con mucha fruta de carozo y un corazón cítrico, redondeado con un toque tropical sutil. En boca se lo siente apenas cremoso, con frescura ensamblada y excelente fluidez.
Mención especial para la medalla de bronce obtenida por Trapiche Costa & Pampa Chardonnay 2022, que nace en un terroir poco tradicional pero excelente para los vinos blancos, como es Chapadmalal. A metros del mar, el enólogo Ezequiel Ortego produce vinos de influencia oceánica, como este blanco que está lejos de la bomba de fruta blanca y de la excesiva tropicalidad. Aquí hay austeridad, fruta blanca y un perfil bien cítrico. Es un blanco delicado y que conviene disfrutarlo no demasiado frío. En boca se muestra largo, filoso, con una rica acidez, apenas mordiente y un final realmente salino. Si el vino es paisaje, este blanco te lleva a sentir la bruma del mar. Diferente y de un viñedo singular.
Trapiche Costa & Pampa Chardonnay
Argentina, país de Malbec y también, de vinos blancos
En diálogo con iProfesional, Donadio reflexiona sobre el presente del Chardonnay y de cómo esta variedad ha evolucionado de manera drástica en las últimas dos décadas en Argentina: “En veinte años, el Chardonnay nacional evolucionó notablemente. Del estilo más maduro y marcado por la madera de los años 2000, pasamos a vinos más precisos, vibrantes y centrados en conservar una acidez natural que sirva como columna vertebral. Creo que se empezó a tratar a la variedad como se lo merece. La selección de parcelas, el uso medido del roble, las fermentaciones en recipientes alternativos y la cosecha más temprana permitieron mostrar una identidad propia, con versiones que hoy combinan elegancia, textura y una lectura más fiel del terroir”.
Cuando se le pregunta si hay vinos Chardonnay producidos en el país que estén a la par de vinos de clase mundial, no duda al responder: “Sí, sin dudas, sobre todo aquellos Chardonnay que están muy asociados a su lugar de origen. Argentina está poniendo el foco para que los consumidores locales comiencen a identificar el origen y estilo de vino. Creo que ese mismo camino es el que hay que comunicar en el exterior, ya que no es lo mismo un blanco patagónico o de Cuyo y mismo dentro de esas regiones podemos identificar diferencias entre distintas áreas”.
Andrea Donadio, sommelier
A la hora de referirse a terroirs o microterroirs que hoy están alumbrando los mejores blancos de Argentina, enumera: “En el Valle de Uco, zonas como Gualtallary, Paraje Altamira o San Pablo. También, en zonas australes de Patagonia, como Trevelin y Sarmiento”.
Algunos enólogos dicen que hoy se elaboran los mejores tintos de la historia. Cuando al enólogo Juan Pablo Solís se le pregunta si esto es replicable al mundo de los blancos, coincide sin dudarlo: “Argentina, en términos vínicos, más allá de si se trata de tintos o blancos, está en un gran momento de madurez: aplicamos conocimiento, entendemos mejor los lugares y los puntos de cosecha, y eso se refleja en la calidad”.
“Hoy hay grandes vinos argentinos brillando en todo el mundo. Es el resultado de todo lo que hemos aprendido en estos años: grandes enólogos, mayor conocimiento del terroir, del suelo y del clima, mejoras tecnológicas y de procesos. A eso se suma que las zonas donde estamos trabajando son extraordinarias y aportan la calidad que muestran nuestros vinos”, completa.





