
“Todo el tiempo sentà nervios”, cuenta Alma Cabral Arrieta sobre el certamen que la consagró como la flamante nueva mejor sommelier de Argentina 2025.
La competencia, organizada por la Asociación Argentina de Sommeliers (AAS), reunió a referentes locales e internacionales en una exigente serie de pruebas teóricas, degustaciones a ciegas y ejercicios de servicio.
“Como siempre dice mi sabia amiga Andrea Donadio: ‘No gana el que más sabe, sino el que menos se equivoca’”, dice con una sonrisa tras una competencia muy peleada.
En la gran final, Alma compartió el podio con Patricio Zárate -segundo lugar- y James Still -tercer puesto-, coronando una edición que volvió a poner en relieve el gran nivel de la sommellerie argentina.
“Obtener este preciado tÃtulo es la recompensa de años de trabajo constante en la industria. ¡Me siento completamente honrada! Esto es gracias a la AAS, que con la organización de este evento nos permite elevar el nivel de nuestra profesión en cada edición. Desde lo personal, fue un momento muy especial; los que me conocen saben que soy de bajo perfil y que los dÃas posteriores de tanta exposición fueron los más desafiantes, pero recibir tanto cariño de colegas, productores, amigos y familiares, que saben de tu recorrido, hace que todo esto valga la pena. Estas instancias reafirman la pasión que uno siente y el compromiso hacia la profesión”, recalca.
Hoy, Alma combina su trabajo como docente en CAVE con su rol en una distribuidora, donde se desempeña como ejecutiva de cuentas, dos facetas que -asegura- se complementan a la perfección: “Ser docente es una enorme responsabilidad porque compartÃs conocimiento y despertás la pasión por la profesión en las nuevas generaciones. Desde lo comercial, estás en contacto con el mercado, entendés las tendencias y necesidades del consumidor, y podés comunicar la filosofÃa del productor”.
Pero retrocedamos en el tiempo y vayamos al momento en que comenzó a tejerse su historia con el vino, una historia que nació en verdad como consecuencia de su primera pasión: la cocina. De hecho, llegó a Buenos Aires, con un claro objetivo: formarse como cocinera.
Comenzó a estudiar en el IAG, y fue durante las clases con Julia Vulcano, sommelier de la institución, que se avivó su fuego interior: “¡Quedé fascinada!”, recuerda con una sonrisa. A partir de ese momento, su vida tomó un nuevo curso; decidió estudiar sommellerie en CAVE: “Al principio pensé que solo serÃa un complemento para mi carrera, pero fue ahà que descubrà mi verdadera vocación”.
Pero antes de esta decisión clave, habÃa tenido que tomar otra incluso más compleja: dejar su paÃs. Alma cuenta que llegó a la Argentina hace 20 años, con apenas 17. “Era muy chica, fue la primera vez que salÃa de casa y eso fue lo más desafiante… estar sola, lejos de mi entorno familiar y de mis amigos”.
Y si bien acepta que emigrar fue difÃcil en un comienzo, su nuevo hogar le hizo el camino más simple: “Argentina rápidamente me llenó de una fuerte contención a través de colegas y amistades. Y decidà quedarme también porque la sommellerie en Argentina se encontraba ampliamente desarrollada, y, al ser el mayor paÃs productor de vinos en Latinoamérica, sabÃa que era acá a donde querÃa quedarme y construir mi futuro como profesional”.
Alma Cabral Arrieta llegó a la Argentina hace 20 años y hoy es una referente de la sommellerie
Alma reflexiona y es clara cuando asegura que no todo fue fácil. Y su mente automáticamente viaja a la época de la pandemia, momento en el que se quedó sin trabajo y tuvo que reinventarse “como sea”.
“Empecé a dictar cursos de vinos online contando con el gran apoyo de algunas bodegas y cuando percibà que eso no era suficiente, un amigo y colega me ofreció para que trabajara en su empresa en el área comercial”, relata. Si alguien saca algo positivo de un momento crÃtico, eso se llama aprendizaje y ganar sabidurÃa. Y Alma lo consiguió: “Fue un momento bisagra, ya que venÃa de años de trabajar en servicio, no me sentÃa capacitada para trabajar en ventas, pero fue una oportunidad única para desarrollarme en otra área de nuestra profesión”.
El recorrido de la flamante mejor sommelier de Argentina incluye nombres de peso de la escena gastronómica: Sucre, Aldo’s, Casa Coupage, La Bourgogne, Restó y Tegui, entre otros. “Todos los restaurantes representan una gran escuela”, explica. Cada uno, con su estilo y su gastronomÃa, le enseñó algo distinto. Pero nombra especialmente a Restó, donde dio sus primeros pasos junto a Paz Levinson, a quien considera su mentora. “Su trabajo y trayectoria, junto con la de varios colegas, me sirvieron de ejemplo e inspiración para querer ser mejor profesional dÃa a dÃa”, afirma.
Cuando se le pregunta sobre las claves que debe tener un profesional en el mundo del vino para ser bueno, Alma asegura que va mucho más allá del conocimiento técnico: “Debe ser un educador, capaz de guiar un viaje sensorial y cultural, adaptándose a las preferencias y curiosidades del consumidor”.
Además, son decisivas variables como la empatÃa, el respeto hacia el trabajo del productor, la curiosidad constante y el deseo de compartir el amor por el vino.
Voto positivo para el vino con soda y el vino sin alcohol
Su mirada sobre el consumo pondera por sobre todas las cosas al consumidor. De hecho, cuando le preguntan qué piensa sobre ponerle hielo o soda a un vino, responde sin titubear: “Siempre y cuando elijan tomar vino, que lo tomen como uno desee”.
Además, se muestra entusiasta con la llegada de los vinos sin alcohol: “Estoy completamente de acuerdo con su producción. No solo amplÃa la variedad de productos, sino que fomenta el consumo responsable. Puede ser una excelente opción para quienes conducen o no pueden beber por salud, embarazo o preferencia personal. En definitiva, es una manera de hacer que el mercado sea más inclusivo y accesible para todos.”, recalca.
De cara al futuro, Alma sueña con conocer distintas regiones vitivinÃcolas del mundo y estar más cerca de los productores para seguir aprendiendo. Y va por más: piensa seguir capacitándose para competir a nivel internacional y continuar trabajando en comunidad para “fortalecer y elevar el posicionamiento del vino argentino en el mundo”.





