
Acompañado por una excelente banda en la que se destacada esa leyenda de la guitarra del rock nacional que es Gringui Herrera y de la que formar parte también su pareja Marcela Lerner en coros y percusión, con una enorme pantalla de alta calidad que emite visuales y fragmentos de videos, Lerner brilla sobre tablas repasando la carrera que lo convirtió en uno de los más importantes compositores americanos. Grandes éxitos, en serio, grandes, como Mil veces lloro, Mira hacia tu alrededor, No hace falta que lo digas, Después de ti y Todo a pulmón, fueron parte de un show con absoluto protagonismo de un eufórico público que no dejó de cantar y, algo pocas visto en nuestro coliseo, de pararse seguido para ovacionarlo.
Párrafo aparte merecen dos canciones que emocionaron hasta las lágrimas: Hope, de su último disco, dedicada a su madre fallecida (“Loco y un poco confundido. El corazón herido y un sueño que remontar”) y la conmovedora interpretación de “La isla de la buena memoria”, con un excombatiente en sala, con el final de Noche de Paz.
Lerner, sus canciones, no hay dudas: mucho de él, de ellas, está en nuestros corazones.





