

¿Será 1,5%? ¿Acaso 1,6%? ¿O más cerca del 1,8? Las principales consultoras de la City -aquellas que testean la evolución de los precios semana tras semana- coinciden con Luis Caputo: la inflación de agosto terminaría por debajo del IPC de junio y, salvo alguna sorpresa en la última semana, será la inflación más baja en lo que va del año.
Ese escenario abre un debate que hoy domina las mesas de dinero: si el Gobierno de Javier Milei aprovechará el alivio inflacionario para permitir una suba gradual del dólar y, al mismo tiempo, descomprimir las tasas de interés que vienen asfixiando al crédito y a la actividad.
La señal empezó a aparecer en el mercado cambiario. El dólar mayorista cerró este jueves en $1.512, luego de cortar una racha en alza que lo dejó por arriba del umbral de $1.500, un techo que el equipo económico había defendido durante semanas como ancla para contener la inflación.
En tanto, este jueves el Banco Central u$s93 millones en el mercado, una cifra superior a la de los días previos, pero en el acumulado sigue en niveles más bajos que los meses anteriores.
Consultoras esperan menor inflación para agosto 2026
Las estimaciones de la City muestran una coincidencia entre distintas consultoras. EcoGo, de Marina Dal Poggetto y Sebastián Menescaldi, proyectó una inflación del 1,5% para agosto, mientras que el estudio de Orlando Ferreres la ubica en 1,6%.
El dato más llamativo aparece en alimentos: Eco Go estimó un aumento de apenas entre 1% y 1,1%, incluso por debajo del promedio general, con algunas categorías -carnes, por caso- mostrando leves bajas de precios.
Si esas proyecciones se confirman, agosto marcaría el menor registro inflacionario de 2026 y reforzaría el principal activo político del Gobierno: demostrar que el proceso de desinflación sigue vigente aun después de la salida del cepo.
Pero justamente ese éxito podría implicar una modificación de las prioridades oficiales.
¿Del dólar quieto a un ajuste más flexible?
Hasta hace pocas semanas, la estrategia era clara: mantener el tipo de cambio contenido para consolidar expectativas y acelerar la baja de la inflación. El costo fue otro: una suba del precio del dinero.
Las tasas de financiamiento para empresas a siete días llegaron a escalar del 23% al 32% anual, mientras las colocaciones de muy corto plazo también se recalentaron.
Este martes retrocedieron hacia la zona del 28%, aunque todavía permanecen por encima de los niveles que el sector privado considera compatibles con una recuperación del crédito.
En los últimos días el Banco Central comenzó a inyectar algo más de liquidez en pesos. El objetivo es evidente: aflojar la tensión monetaria para que bajen las tasas.
La contrapartida inevitable es aceptar un dólar algo más alto. Para buena parte de los economistas, ese parece ser el nuevo equilibrio que busca el oficialismo.
La pregunta es -de confirmarse este movimiento alcista- en qué magnitud está pensando Milei y el equipo de Caputo.
“Es probable que el tipo de cambio suba un poco más”
Menescaldi sostiene que el Gobierno -a un año de las PASO- enfrenta una disyuntiva entre cinco variables difíciles de compatibilizar: acumulación de reservas, emisión de pesos, inflación, tipo de cambio y nivel de actividad.
Su diagnóstico es que el dólar tiene margen para avanzar.
“Es probable que el tipo de cambio suba un poco más. Lo difícil es que ese movimiento sea estrictamente controlado. Van a ir midiendo paso a paso mientras intentan rearmar el carry trade y vuelvan a ingresar dólares”, analizó en diálogo con iProfesional.
El economista cree que esa corrección podría generar algo más de inflación, aunque en un nivel acotado y compatible con el proceso de desinflación. Según su visión, el dólar debería moverse aproximadamente al ritmo del IPC, o apenas por encima, evitando nuevos retrasos cambiarios.
En diálogo con iProfesional, Menescaldi también propuso que el Banco Central establezca un corredor de tasas, con un piso y un techo explícitos, para dar previsibilidad al costo del dinero y evitar los saltos bruscos que terminaron golpeando al financiamiento empresario.
Por qué el Gobierno analiza un dólar más alto en septiembre
Fausto Spotorno coincide en que una suba moderada del dólar no sólo es posible sino también conveniente. Su argumento es que un tipo de cambio excesivamente contenido termina deteriorando la competitividad y profundizando el freno sobre la producción.
Esa mirada también aparece en los análisis recientes de economistas como Miguel Ángel Broda y Miguel Kiguel, quienes vienen advirtiendo que el desafío ya no pasa exclusivamente por bajar la inflación.
Ahora el Gobierno necesita evitar que la combinación de dólar planchado y tasas elevadas termine ahogando a la economía real.
La discusión en la City dejó de ser si el dólar debe moverse o no. La pregunta pasó a ser cuánto puede subir sin poner en riesgo el principal logro del programa económico.
El impacto de la morosidad de las familias en el consumo
La apuesta original del Gobierno descansaba sobre tres pilares: reducción del riesgo país, fuerte baja de las tasas de interés e ingreso masivo de capitales del exterior para financiar inversiones.
Ninguna de esas variables terminó evolucionando como esperaba el equipo económico.
El riesgo país descendió respecto de los máximos, pero nunca alcanzó la zona de los 300 puntos que imaginaba el propio Gobierno.
Las inversiones extranjeras llegaron de manera mucho más gradual y la caída de las tasas quedó interrumpida por la propia política monetaria restrictiva.
El resultado fue paradójico: el crédito dejó de expandirse con fuerza y comenzó a crecer la morosidad de las familias.
Según datos del Banco Central, uno de cada cuatro pesos que comprometen los hogares ya está destinado al pago de cuotas o corresponde a deudas con atrasos. En otras palabras, el problema ya no es la falta de oferta de crédito sino la escasa capacidad de las familias para seguir endeudándose.
Ese fenómeno ayuda a explicar por qué la recuperación económica avanza bastante más lento de lo previsto.
La semana pasada, el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, reconoció que la actividad viene creciendo por debajo de las expectativas oficiales. Además, admitió que el dinamismo está concentrado en sectores como minería y energía, mientras construcción, industria y comercio —los mayores generadores de empleo— continúan rezagados e incluso muestran caídas frente al año pasado.
Con una inflación que apunta a perforar el 2% y acercarse al 1,5%, el Gobierno parece haber ganado un margen que no tenía hace apenas un mes. La incógnita es si utilizará ese capital para sostener el dólar debajo de $1.500 o si iniciará una corrección gradual que permita bajar las tasas y darle oxígeno a una actividad que todavía no logra despegar.





