Liga Profesional Los casos de Rossi, Barreto, Merolla, Angileri, Gattoni…

El reglamento establece que, todo futbolista que a falta de seis meses para el final de su contrato, no haya arreglado su continuidad, puede negociar libremente con otras instituciones. Sin embargo, esto genera escenarios incómodos para todas las partes que estén en dicha situación, y que por ende está resultando en una tendencia que toma cada vez más fuerza: colgar a los jugadores que no renueven a modo de castigo.
Ahora bien, es un tire y afloje constante porque muchas veces, el jugador sí quiere renovar pero el club no acepta las condiciones, y viceversa. De hecho, jugadores que quieren irse en libertad dado que tienen arreglado con otro equipo firmar con el pase en su poder, manifiestan querer renovar pero pidiendo actualizaciones de contrato muy por encima de lo que venían percibiendo.
La cosa es que los clubes han decidido que los villanos son los jugadores. A los clubes, les conviene siempre transferir a un jugador con contrato, porque el club que lo adquiere debe pagar la cláusula correspondiente, lo peor que le puede pasar a un equipo es que un futbolista se le vaya libre, caso Agustín Rossi de Boca, por ejemplo.
Rossi tenía acordado ir a Flamengo a mitad de año, pero el club brasileño le manifestó que solo lo incorporaría si llegaba libre. Por eso pidió fortunas a Boca, el club no pudo acceder a lo solicitado, y como Rossi de esa forma demuestra que se quiere ir y no dejarle dinero a Boca, la dirigencia resuelve colgarlo, es decir, que no juegue los últimos seis meses de contrato en el club.
Con Gattoni ocurrió que Sevilla lo contactó, y su contrato con San Lorenzo termina en junio. Desde la dirigencia del Ciclón resolvieron que si no se realizaba una operación en la que le dejase dinero al club, sería separado. Finalmente pasó y el jugador seguirá hasta junio jugando, para luego irse.
Con Sergio Barreto, central del Rojo, pasó algo similar. La diferencia es que Independiente decidió colgarlo por no renovar. Su futuro estuvo en Boca y en otros clubes de afuera. Termina contrato en diciembre por lo que hoy por hoy, no jugaría por los próximos 10 meses, lo que afectaría su rendimiento y voluntad de otro equipo de contratarlo.
Mismo caso para Lucas Merolla, central de Huracán que el club decidió separar por acusarlo de haber firmado un precontrato con Boca, algo que salió a desmentir.
Años atrás, Fabrizio Angileri fue colgado por River por no querer renovar e irse al Getafe. Mismo caso en Boca con Pol Fernández, Julio Buffarini y Rossi recientemente.
El único club que hasta ahora se mostró en contra de eso ha sido Racing. Matías Rojas, figura del equipo, finaliza contrato en junio próximo y Gago fue terminante: “Lo usaremos hasta el último día”, independientemente de que renueve o no.
Así está la cosa en materia de operaciones en el fútbol argentino, donde según desde donde se mire, un día el club es el villano y al otro, el jugador y su agente.






